``Ninguna mujer debe olvidar nunca

que ella no necesita a nadie que no la necesite a ella.´´


-¿Cuánto dirías que vales del 1 al 10?

-Un 8.

-¿Y si alguien te dijera que vales un 7?

-Me daría igual, he dicho que valgo un 8, y es que valgo un 8.

Porque, ¿si yo no me quiero, quién lo hará? ¿Si yo no me valoro como debo, quién lo hará?

Realmente, nadie me conoce tan bien como yo misma, nadie sabe absolutamente todo sobre mí, y en parte eso me reconforta.

Soy libre, sí, soy un pájaro.

-¿Sabes? Yo creo que eres un 10.

-Gracias pero soy un ocho.


-Holly, estoy enamorado de ti.

-¿Y qué?

-¿Cómo que y qué? ¿Qué preguntas haces? Te quiero, y me perteneces.

-No. Las personas no pertenecen a nadie.

-Claro que sí.

-No dejaré que nadie me ponga en una jaula.

-No quiero ponerte en una jaula, quiero quererte.

-Es lo mismo.

Sonrisas.

jueves, 16 de enero de 2014

El amor está más asociado a la ausencia, que a la presencia de la persona.

“Hay un brusco agitarse y el roce de algo que se escurre blandamente, lubrificando por aguas espesas. Hay un urgente impulso hacia adelante, un giro en la postura. Hay un tacto desconcertado, el paso de una frontera elástica, un escozor doloroso, una luz hiriente, una agitación desconocida y rítmica, algo que se abre paso desde dentro, un grito. El espacio se onduló amorosamente. Mucho tiempo después supe que había sido acunado. Entonces no sabía nada porque no había nadie aún que pudiera saber. Yo llegué después, cuando esa conciencia pegada a las sensaciones fue independizándose, distanciándose de las impresiones, que empezaban a ser cosas. Grandes ritmos lo organizaban todo: el desasosiego y la calma, la vigilia y el sueño. Por fin aparecieron los rostros, las palabras, el divertido sonar de un sonajero, las canciones de cuna, los besos, las sonrisas, tan divertidas de imitar, y también el Yo, mi yo, como centro del paisaje. Llegué a reconocerme en un espejo. Primero había estados agradables o molestos, luego hubo visiones que atraían o aburrían, después vi objetos, al fin me vi viendo objetos: había reflexionado”. (Marina, José Antonio: Aprender a vivir, p.25)

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