-¿Qué clase de nombre es ese?
-Pues el nombre de una loca. Una que hace lo que le da la gana y no le da explicaciones a nadie. Gin. Sólo ella puede tener ese nombre y que no te entren ganas de reírte. Me gustaría que la conocieras.
-A mí también me gustaría. Si estás aquí lloriqueando hablándome de ella debe de ser especial.
-Estaba en el garito al que siempre íbamos. La última vez que estuve fue contigo.
-¿Y qué? ¿Alguien me manda saludos?
-No sé, parecía como si no conociera el sitio, tío. La gente era la misma pero estaban todos cambiados.
-Es el síndrome del campamento de verano.
-¿Qué es otras de tus teorías, no?
-Te vas de campamento.
-¡Ya estamos!
-Y te lo pasas de puta madre. El mejor verano de tu vida, piensas. Vuelves a casa y te tiras todo el año pensando en el próximo campamento, en volver a repetir todo mejor. Y entonces llega y todo ha cambiado: los monitores, las chicas, tus colegas están raros, son extraños ya. Y caes, los mejores años fueron esos... los mejores... y nunca se van a repetir.
-Veo a Katina. Está hecha una mujer. No te olvida, Pollo.
-¿Y Babi? ¿La has visto?
-No me atrevo.
-Hay que perdonar y perdonarse. Pasar página. ¿No tendrás un cigarrito?
-Pero si tú nunca has fumado, amigo.
-Es verdad.
-Tú nunca has fumado, amigo...
No hay comentarios:
Publicar un comentario