Me gustan las flores de tu blusa, me dan calor, me levantan del escalón.
Vuelve a sonreír aunque te quieran escupir.
``Ninguna mujer debe olvidar nunca
que ella no necesita a nadie que no la necesite a ella.´´
-¿Cuánto dirías que vales del 1 al 10?
-Un 8.
-¿Y si alguien te dijera que vales un 7?
-Me daría igual, he dicho que valgo un 8, y es que valgo un 8.
Porque, ¿si yo no me quiero, quién lo hará? ¿Si yo no me valoro como debo, quién lo hará?
Realmente, nadie me conoce tan bien como yo misma, nadie sabe absolutamente todo sobre mí, y en parte eso me reconforta.
Soy libre, sí, soy un pájaro.
-¿Sabes? Yo creo que eres un 10.
-Gracias pero soy un ocho.
-Holly, estoy enamorado de ti.
-¿Y qué?
-¿Cómo que y qué? ¿Qué preguntas haces? Te quiero, y me perteneces.
-No. Las personas no pertenecen a nadie.
-Claro que sí.
-No dejaré que nadie me ponga en una jaula.
-No quiero ponerte en una jaula, quiero quererte.
-Es lo mismo.
Él no lo sabe, pero hizo temblar el mundo en el primer día... y ni siquiera sabe que si cruza con sus dedos mi espalda hace girar las agujas del reloj en sentido contrario.
No lo sabe.
Si te apetece, hipotecamos nuestro corazón por un amor incierto que bien podría desaparecer mañana o durar seis segundos. Pero oye, que lo mejor es arriesgarse, y si va mal, entregamos nuestro corazón y nos alquilamos otro que sepa apostar por algo que dure un poquito más. Para no hacerle el feo a nuestro pecho vacío, que luego gritas y escuchas el eco dentro de ti, y la gente se te queda mirando como si fueras un bicho raro.
Cuando te digo que eres lo más cercano que he conocido a mi chica ideal, en realidad te estoy diciendo que eres MI chica ideal. Porque, seamos sinceros, hace tiempo que mi pose de chico malo y Ray Ban Aviador te robaron ese corazoncito tan dulce que tienes. Si me preguntas por qué no te lo digo y oculto parte de la verdad diría que no hay respuesta coherente para eso pero, si me obligas a responder, diría que ahí entra en juego mi orgullo, el cual es de todo menos pequeño. Me cuesta reconocer lo que siento, por miedo o por lo que sea, me cuesta. Pero tú... eres tú y ese pestañeo que tienes hace que mi pulso se acelere, por cursi que sea y por cursi que suene, es así.
Hagamos un trato:
Yo te llevo el desayuno a la cama, no digo una vez ¿eh? digo todos los días de mi vida. ¿Fútbol? Lo justo. Algún partidillo, poco más.
Y te prometo que jamás tendré tripa.
A cambio de eso, no te pido nada, simplemente, que estés conmigo.