``Ninguna mujer debe olvidar nunca

que ella no necesita a nadie que no la necesite a ella.´´


-¿Cuánto dirías que vales del 1 al 10?

-Un 8.

-¿Y si alguien te dijera que vales un 7?

-Me daría igual, he dicho que valgo un 8, y es que valgo un 8.

Porque, ¿si yo no me quiero, quién lo hará? ¿Si yo no me valoro como debo, quién lo hará?

Realmente, nadie me conoce tan bien como yo misma, nadie sabe absolutamente todo sobre mí, y en parte eso me reconforta.

Soy libre, sí, soy un pájaro.

-¿Sabes? Yo creo que eres un 10.

-Gracias pero soy un ocho.


-Holly, estoy enamorado de ti.

-¿Y qué?

-¿Cómo que y qué? ¿Qué preguntas haces? Te quiero, y me perteneces.

-No. Las personas no pertenecen a nadie.

-Claro que sí.

-No dejaré que nadie me ponga en una jaula.

-No quiero ponerte en una jaula, quiero quererte.

-Es lo mismo.

Sonrisas.

lunes, 8 de julio de 2013

Es tu primer amor, yo pretendo ser el último. Esperaré lo que haga falta.

-Quería disculparme.

-Bien.

-Déjame acabar. He dicho que quería, después me he dado cuenta de que no lo siento.

-¿Preferías morir a ser humano y pretendes que me parezca bien?

-No tiene que parecerte bien, sólo digo que no lo siento. ¿Sabes qué soy en realidad? Un egoísta, por tomar decisiones que te han hecho daño. Sí, prefería morir antes que ser humano. Prefería morir ahora que pasarme años contigo y perderte cuando sea un viejo decrepito y tú sigas igual. Preferiría morir ahora mismo que pasar mis últimos años recordando todo lo bueno que tenía y lo feliz que era porque yo soy así, Elena. Y no voy a cambiar y no hay disculpas en el mundo que engloben todas las razones por las que no te convengo.

-Bien, pues yo tampoco lo siento. No siento haberte conocido. No siento que haberte conocido me haya obligado a cuestionármelo todo, ni que estando muerta me hayas hecho sentir muy viva. Has sido una persona horrible, has tomada malas decisiones y de las que he tomado yo, probablemente esta sea la peor pero no siento estar enamorada de ti. Te quiero a ti, Damon. Te quiero.

sábado, 15 de junio de 2013

Necesito creerte con los ojos, no con los oídos.

En mi intento por empatizar con quienes me rodean, dejé de ponerme en mi lugar y ahora no tengo silla.

El camino al infierno se desliza por tus piernas, pero nunca quemarse fue tan placentero.




Cuanto menos te gustas, más ganas me dan de arrancarte la ropa para enseñarte que jadeando mi nombre es como siempre estarás más guapa.

martes, 11 de junio de 2013

Ausencias causan olvidos.





El amor es sólo una palabra hasta que alguien viene y le da sentido.

Live is Live.

No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino simplemente porque aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo, deja de ser quien eras y transfórmate en quien eres. 

martes, 4 de junio de 2013

Se podían haber estado quietos.

Cuenta la historia que los dioses griegos se aburrían, así que inventaron a los seres humanos. Pero seguían aburriéndose e inventaron el amor y vieron que ya no se aburrían. Así que decidieron probar el amor a ellos mismos y, finalmente, inventaron la risa para poderlo soportar.

domingo, 2 de junio de 2013

Sí, así somos los andaluces.

"Cada vez que se cierra un bar, se pierden para siempre cien canciones. Se desvanecen mil te quieros y los goles por la escuadra salen lamiendo el palo... Porque en un bar nos declaramos... escribimos guiones de cine... y hasta redactamos la Constitución.
   Aquí o eres de barra o eres de mesa, pero todos somos de bares. Venimos así de fábrica. Los satélites detectan un bar cada 18 segundos.
   Si no encuentras a alguien... está en el bar.
   La red social más grande se llama bar, porque nos gusta vernos, tocarnos, estar juntos y juntos vamos a echar una mano a nuestro bares. El lugar donde siempre somos felices... ¡Benditos bares!".


PD: Y yo aquí, con lo que me gusta un bar, estudiando para selectividad. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Tengo en el cielo a una persona por la que daría todo por volverla a abrazar.






¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte? ¿Se muere el amor? ¿O se enamora la muerte? Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría hasta la muerte.


miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Tú crees?






“Me desperté del éter con un sentimiento de total desamparo, y ahí mismo le pregunté a la enfermera si era niño o niña. Me dijo que niña, y entonces empecé a llorar. “Está bien” -dije- , “me alegro de que sea niña. Pero confío en que sea tonta… lo mejor que le puede pasar a una niña en este mundo es ser una hermosa tontita”.


El Gran Gatsby.






"No tengo palabras para describirte mi sorpresa al comprender que la amaba, compañero... Incluso llegué a desear que me echase a la calle. Pero no, no lo hizo, estaba enamorada de mí. Creía que yo sabía mucho, porque sabía cosas diferentes de las suyas... Bueno, me encontraba allí, lejos de mis ambiciones, enamorándome más a cada minuto, y... de repente, no me importó. ¿De qué me servía hacer grandes cosas si lo pasaba mejor contándole a ella lo que haría?"


lunes, 20 de mayo de 2013

Felicidades preciosa.





“Su corazón se hallaba en constante y turbulenta agitación, temperamento creador, tenía un don para saber esperar y, sobre todo, una romántica presteza; era la suya una de esas raras sonrisas, con una calidad de eterna confianza, de esas que en toda la vida no se encuentran más que cuatro o cinco veces.”

“Volvió a reírse, como si hubiera dicho algo muy ingenioso, y retuvo mi mano un instante, mirándome a los ojos, prometiendo que no había nadie en el mundo a quien deseara ver más. Así era ella.”

Ya sé quienes son esas personas.


La vida es corta.
Deja de gastar el tiempo con las personas equivocadas y que no te permiten ser feliz. Si alguien te quiere en su vida, hará un espacio para ti sin necesidad de que luches por uno. Nunca te quedes con la persona que constantemente te ignora. Recuerda valorar no a las personas que te acompañan en los mejores momentos, sino a aquellas que están a tu lado incluso en los peores.


domingo, 19 de mayo de 2013

Lo que yo quiero es que pasen los días, las semanas, los meses y tú me sigas poniendo nerviosa.


Entonces ponte el sombrero dorado, si con eso la conmueves;
Si eres capaz de rebotar alto, hazlo por ella también,
Hasta que grite: “Amante, amante de sombrero dorado,
de rebote alto,
¡Tienes que ser mío!”
TOMAS PARKE D'INVILLIERS

Debes cultivar tu propio jardín, en vez de esperar que alguien te traiga flores.


Supongo que sí, que desde que sacamos todo lo de dentro, dejó de doler. Demasiada gente inconexa, pero yo me quedo con la mejor. Con la persona perfecta, por decirlo de algún modo. Y me ha tocado a mí.

No soy la que era(?). Pero bueno, tú tampoco eres el que eras antes, el de entonces. O al menos el que yo creía que eras.

Los pequeños detalles son los que hacen que los grandes lleguen a realizarse. Es mejor el camino recorrido que la cima, o eso dicen.

Y me encantaría verlo y que me sonriera. Que me cogiera la mano y me llevara a cualquier parte, donde sea pero solos él y yo. Para conocerlo, para conocerme, para conocernos.

Aportar todo lo que tenemos a nuestro alcance y lo que no, también.

sábado, 18 de mayo de 2013

-Ahora -dice Christian con un jadeo- te voy a follar hasta que grites.

Una lluvia que moje hasta tus sentimientos, que se lleve los errores, que riegue los sueños y limpie las inseguridades.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Cualquier semejanza con la coincidencia es pura realidad.













Hay una tremenda sensación de inseguridad que hace que alguien requiera que el otro sea perfecto para sentirse más tranquilo.




PD:``Cuidado con los miedos, les encanta robar sueños.´´






viernes, 10 de mayo de 2013

La fortuna favorece a los más audaces.


Cualquier cosa es posible. Usualmente nos quedamos atrapados en un estado de negatividad, y es un veneno como ningún otro.
                         

lunes, 6 de mayo de 2013

Cansada de guerrear por paz.




Supongo que todos llegamos a un punto en el que nos cansamos de que nos mientan, nos decepcionen o simplemente nos reemplacen por otras personas...


viernes, 3 de mayo de 2013

Sé la llama, no la polilla.


-Sabes muy bien que no quiero casarme.
-¿Por qué?
-Porque no me hace falta firmar un trozo de papel para irme a vivir contigo y tener hijos.
-Pero es que yo quiero casarme…
-Pues cásate. Afuera hay miles de mujeres que desean casarse…
-Yo quiero casarme contigo…
-¿Por qué? ¿Por qué quieres casarte? ¿Qué diferencia hay?
-Porque es una demostración de amor, es un paso para pasar el resto de la vida juntos. No sé, todas las parejas lo hacen…
-Ah… o sea que es por eso. Te quieres casar porque todos lo hacen. Desde mi punto de vista no me vas a querer más porque te cases conmigo. Y podemos pasar el resto de la vida juntos y no pasar por el altar.
-El matrimonio une en cuerpo y alma. Quiero que seas mi mujer y yo tu marido.
-El matrimonio es una institución y lo sabes. Y ya soy tu mujer, no me hace falta un anillo.
-Eres imposible… me pones en el once.
-Lo sé, por eso estás enamorado de mí.
-Ya… y lo peor es que es verdad.

lunes, 29 de abril de 2013

Ojalá lo conocieras, es genial. Es genial y perfecto.



Me acuerdo de cuando nos sentábamos en el balcón y el tiempo dejaba de existir.
Siempre me hacías unos bocadillos de chocolate riquísimos.
Sabes muy bien que nunca me ha gustado esta época. El calor, el buen tiempo (?) siempre me hace estar melancólica. Pero bueno, me recuerdan a ti y tus ganas de todo.
Será porque las cosas no van bien y me gustaría que estuvieras aquí para decirme ``Cuéntame´´.
No puedo escribir de ese tema, porque no sé nada. Me gustaría saber, aunque sólo fuera lo básico.
Es verdad que uno no le da la importancia que debe tener en ese momento y ahora que ya no está se echa de menos. Te fuiste demasiado pronto.
No dejes nunca de guiarme y de estar a mi lado. 






PD: El ``cochecillo´´ desapareció. Tal vez se fue contigo.

domingo, 28 de abril de 2013

Maldeciría y diría que no habría una próxima vez, pero siempre hay una próxima vez.


Él me dijo que estaba enfadado con el mundo y que ya no creía en el amor, yo no supe donde me dejaba eso, a la deriva supuse, a oscuras, perdida. Me dejaba en ninguna parte y mi único equipaje eran los pocos pensamientos que quedaban en mi cabeza. Le pregunté qué le pasaba pero no me contestó y quise abrazarle para que no siguiera enfadado. "La vida me puede" me dijo y yo quería que no fuese así, que se apoyase en mí, porque yo le quería y todo iría bien, pero yo estaba sentada en medio de ninguna parte y esos eran los únicos pensamientos que me quedaban para pasar el invierno.

sábado, 27 de abril de 2013

Endúlzame los oídos.


- Tú me quieres.
- Yo te quería, nunca he vuelto a querer a nadie así, ni siquiera a ti.


miércoles, 24 de abril de 2013

Ya me acostumbré a vivir así, dándole trabajo al corazón.













VERANO






Sepa usted que yo ya no tengo cura.






Y aunque entiendo que tú, tú siempre tienes la última palabra en esto del amor.
No se asuste señorita, nadie le ha hablado de boda.
Tu guerra todas las noches, tu tregua cada mañana.
Quiero que seas mi rosa y mi espina aunque me hagas daño.
Quiero ser tu carnaval, tus principios y tus finales.
Quiero que seas mi media luna de miel, mi octava maravilla.
La cremallera y los botones. Quiero que lleves tu falda y también mis pantalones.

Amar es lo que te hace sonreír cuando estás cansado.






PD:Lo que es realmente importante siempre encuentra alguna forma de revelarse.

martes, 23 de abril de 2013

Las mujeres mandan, no dicen nada pero mandan.

-¿Te has enamorado ya de la persona equivocada?
-Por desgracia, mi único amor verdadero sigo siendo yo.

Jim Morrison.


La única gente que me interesa es la que está loca. La gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo. La gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.




jueves, 18 de abril de 2013

Maldita dulzura la nuestra.

Olvidemos lo que nos enseñaron: que es noble dar y humillante recibir. Porque, para la mayoría de personas, la generosidad consiste sólo en dar. Pero recibir es también un acto de amor.



miércoles, 17 de abril de 2013

Quién perdona poco, ama poco.

Quien no te busca no te extraña, quien no te extraña no te quiere.








PD: Es más lo que nos diferencia que lo que nos une.



lunes, 15 de abril de 2013

No me has hecho sufrir sino esperar.




Tenías que cambiar de corazón y de mirada. 
Pablo Neruda.

jueves, 11 de abril de 2013

El espino y el perdón.


Un hombre caminaba por un camino, contemplando la belleza a su alrededor, cuando sintió que tenía una herida. Miró a un lado y vio que un espino le había hecho un corte en la pierna. Pero el paisaje era tan hermoso que decidió no darle mucha importancia y, volviéndose hacia la planta, murmuró: - Te perdono.

Horas más tarde, otro hombre caminaba por el mismo camino, también contemplando la belleza de Dios en la puesta de sol frente a sus ojos, cuando el mismo espino lo hirió.
Él se limitó a mirar al espino, se limpió la sangre que le salía y siguió adelante.

Un ángel, que lo había visto todo, se dirigió al Señor y le dijo:
 - Hoy he visto a un santo que perdonó a un espino. Y he visto también a un hombre sin corazón que también ha sido herido y no ha dicho nada.
 - Pues estás completamente engañado -respondió el Señor-. Claro que el primero es un hombre de bien, pero el segundo, además de santo, es también muy sabio.
 - ¿Cómo es posible? -insistió el ángel, sorprendido con la respuesta del Todopoderoso-. Él no tuvo la grandeza de decir nada, ¡simplemente siguió su camino!
Dios interrumpió al ángel:
 - El hijo injustamente reprendido por el padre, aunque entienda que el gesto es fruto de un amor tal vez excesivo, no tiene necesidad de perdonar a nadie, sino tan solo de aceptar lo ocurrido. De esta manera, la herida no hiere y el perdón no humilla.

“El espino nació para usar sus espinas. Aunque quisiese, nunca podría perfumar el ambiente a su alrededor. El primer hombre, al sentir el dolor del pinchazo, echó la culpa al espino, y como es puro de corazón, lo perdonó. El segundo hombre también se hirió; pero como sabe que todos los espinos son así, no se sintió ofendido. Y como no tenía nada que perdonar, no perdonó.”
Y concluyó:
 - Cuando el alma sangra por algo que sabemos que hiere, de nada sirve ni culpar ni perdonar.


Si quisieras andar conmigo.




Sentí que me enamoraba de él como cuando sientes que estás quedándote dormida: primero lentamente, y de repente de golpe.

martes, 9 de abril de 2013

No importa si llueve.




En ese momento sé que mi corazón es lo suficientemente grande para los dos. Espero que sea lo suficientemente grande para los dos.

Yo ya me he quemado y sin embargo aquí estoy otra vez.




Yo soy la polilla y él es la luz, y voy a quemarme. Lo sé.

lunes, 8 de abril de 2013

Somos sólo personas.

Júntate con aquellos cuya única puerta importante que están intentando abrir, es la de tu corazón.



miércoles, 3 de abril de 2013

Tengo experiencia: Te amo.


Tal vez la eternidad esté en los semáforos.




Wislawa Szymborska.


nuestros tigres beben leche
nuestros halcones van a pie
nuestros tiburones se ahogan en el agua
nuestros lobos bostezan delante de jaulas abiertas

Muerte de un viajante.


Nadie puede culparle. Vosotros no lo entendéis. Willy era un viajante, y para un viajante la vida no tiene fondo. Es un hombre que no pone tuercas en los tornillos, que no te informa sobre las leyes ni te receta medicinas. Es un hombre que va solo por la vida, sin más recursos que una sonrisa y unos zapatos bien limpios. 

Gástame los labios.


-Sé valiente –dijo-. En la vida, en el amor y en el sexo.
>>La gente olvida que debe pedir caricias y besos. Una caricia, un beso, solicitar el calor de una mano en el ombligo no deben ir acompañados con el sentimiento de que eso provocará o derivará en sexo.
>>Un abrazo no debe ser de diez segundos, ni de treinta, puede durar ocho minutos si es necesario. Debes apreciar la caricia como parte de tu vida.
>>Al igual que ríes del chiste de alguien y aceptas que sus palabras generan en ti un sentimiento de felicidad, tampoco debes temer decirle a alguien que su piel, sus ojos, su boca generan otro sentimiento. ¿Lo entiendes, Marcos?

No quiero que me quieras como me quieres.


Con dieciséis años me habló de las autopsias sexuales.
Que nos quedáramos muy quietos y alguien nos dijera qué parte de nuestro cuerpo no había sido acariciada; cuántos besos habíamos recibido; si había sido más querido una mejilla o una ceja o una oreja o los labios.
Le gustaba pensar que alguien, tan sólo mirando nuestros dedos, supiese si habían tocado con pasión o simplemente por rutina. Si nuestros ojos habían sido mirados con deseo o nuestra lengua había conocido muchos congéneres.
¿Cuántos mordiscos, cuántos susurros, cuántos chupetones hemos sentido? Un cómputo de números sobre nuestro sexo, nuestra lujuria, nuestro placer solitario.

Nunca me he hecho una autopsia de este tipo. Me ha dado miedo el resultado. 

«Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo».


Mi madre siempre me enseñó que no se puede confiar en los que no dicen ``lo siento´´ o ``perdón´´. Creía que estas expresiones debían utilizarse en numerosas ocasiones en la vida y decirlas sin ningún tipo de miedo ni rubor. 




Aprender a caer antes que a caminar.


Recuerdo que cuando yo tenía catorce años fuimos a un hotel que era un rascacielos. Nos alojamos en el piso 112; el primer rascacielos que pisé en mi vida. Me alucinó, era realmente como estar en el cielo. Fue una sensación extraña e intensa, aunque luego he pisado y vivido en tantos hoteles rascacielos que ese momento se diluyó y lo olvidé.
Pues aquel día, en aquel hotel de Nueva York, sólo había una habitación de matrimonio. Yo tenía casi quince años, por lo que no deseaba en absoluto compartir cama con mi madre, me daba mucha vergüenza. Así que se lo dije. Ella me miró como sólo ella sabía hacerlo. Tan sólo posaba sus ojos en mí durante diez segundos, torcía la boca y yo ya me sentía intimidado.
-¿No quieres dormir junto a mí? –Torció la boca y yo tragué saliva.
-Tengo casi quince años, mamá.
-Yo también tenía quince cuando tuve que dormir junto a ti por primera vez. Y también lo hice los siguientes nueve meses aunque me dabas ganas de vomitar y no parabas de darme patadas. Pero si lo prefieres, puedes dormir en la silla. Somos libres, personas libres y debemos decidir.

jueves, 28 de marzo de 2013

Cincuenta.

- Me gusta esto -murmura acariciándome y después besándome el vientre-. Hay mas de ti.

Hago un mohin.

- No me gusta que haya mas de mí.
- Es genial cuando te corres.

- ¡Christian!

- Y estoy deseando volver a probar la leche de tus pechos otra vez.

- ¡Christian! Eres un pervertido…

Se lanza sobre mí de repente, me besa con fuerza, pasa una pierna por encima de mí y me agarra las manos por encima de la cabeza.

- Me encantan los polvos pervertidos -me susurra y me acaricia la nariz con la suya.

Sonrío, contagiada por su sonrisa perversa.

- Si, a mi también me encantan los polvos pervertidos. Y te quiero. Mucho.

Dedicada a todos los que siguen queriendo ser diferentes y luchan contra aquellos que desean que seamos iguales…

Las casualidades son mi debilidad; son las únicas cosas de la vida que consiguen quebrantar mis reglas.





True Blood.


-Bésame –dijo.
Levanté la cabeza y me volví. Nuestros labios se encontraron. Sentía como un fuego de llama azulada, no roja ni anaranjada; no esa clase de color, era una llama fría. En un segundo, sus brazos me rodearon. Al siguiente, fui yo la que lo abracé. Comencé a sentir una enorme laxitud. Me aparté con la respiración entrecortada.
-¡No podemos, Bill!
Respiró con pesadez.
-Claro que no, nos estamos separando –dijo en voz baja. Pero no sonaba como si se estuviera tomando en serio lo que decía-. Bajo ningún concepto deberíamos estar besándonos. Y mucho menos aún debería tenderte sobre el suelo de este porche y follarte hasta que pierdas el sentido…

domingo, 24 de marzo de 2013

Conozcamos a Cincuenta.

Empieza a contar con voz suave. 
—Imagínate esto. Un chico adolescente que quiere ganarse un dinerillo para poder continuar con una afición secreta: la bebida. —Se gira hacia un lado para que quedemos el uno frente al otro y me mira a los ojos—. Estaba en el patio de los Lincoln, limpiando los escombros y la basura tras la ampliación que el señor Lincoln acababa de hacerle a su casa…
Oh, madre mía… Me lo va a contar.
—Era un día caluroso de verano y yo estaba haciendo un trabajo duro. —Ríe entre dientes y niega con la cabeza, de repente divertido—. Era un trabajo agotador el de apartar todos esos escombros. Estaba solo y apareció Ele…, la señora Lincoln de la nada y me trajo un poco de limonada. Empezamos a charlar, hice un comentario atrevido… y ella me dio un bofetón. Un bofetón muy fuerte.
Inconscientemente se lleva la mano a la cara y se frota la mejilla. Los ojos se le oscurecen al recordar.
¡Maldita sea!
—Pero después me besó. Y cuando acabó de besarme, me dio otra bofetada. —Parpadea y sigue pareciendo confuso incluso después de pasado tanto tiempo—. Nunca antes me habían besado ni pegado así.
Oh. Se lanzó sobre él. Sobre un niño…
—¿Quieres oír esto? —me pregunta Christian.
Sí… No…
—Solo si tú quieres contármelo. —Mi voz suena muy baja cuando le miento sin dejar de mirarle. Mi mente es un torbellino.
—Estoy intentando que tengas un poco de contexto.
Asiento de una forma alentadora, espero. Pero sospecho que parezco una estatua, petrificada y con los ojos muy abiertos por la impresión.
Él frunce el ceño y busca mis ojos con los suyos, intentando evaluar mi reacción. Después se tumba boca arriba y mira al techo.
—Bueno, naturalmente yo estaba confuso, enfadado y cachondo como un perro. Quiero decir, una mujer mayor y atractiva se lanza sobre ti así… —Niega con la cabeza como si no pudiera creérselo todavía.
¿Cachondo? Me siento un poco mareada.
—Ella volvió a la casa y me dejó en el patio. Actuó como si nada hubiera pasado. Yo estaba absolutamente desconcertado. Así que volví al trabajo, a cargar escombros hasta el contenedor. Cuando me fui esa tarde, ella me pidió que volviera al día siguiente. No dijo nada de lo que había pasado. Así que regresé al día siguiente. No podía esperar para volver a verla —susurra como si fuera una confesión oscura… tal vez porque lo es—. No me tocó cuando me besó —murmura y gira la cabeza para mirarme—. Tienes que entenderlo… Mi vida era el infierno en la tierra. Iba por ahí con quince años, alto para mi edad, empalmado constantemente y lleno de hormonas. Las chicas del instituto…
No sigue, pero me hago a la idea: un adolescente asustado, solitario y atractivo. Se me encoge el corazón.
—Estaba enfadado, muy enfadado con todo el mundo, conmigo, con los míos. No tenía amigos. El terapeuta que me trataba entonces era un gilipollas integral. Mi familia me tenía atado en corto, no lo entendían.
Vuelve a mirar al techo y se pasa una mano por el pelo. Yo estoy deseando pasarle también la mano por el pelo, pero permanezco quieta.
—No podía soportar que nadie me tocara. No podía. No soportaba que nadie estuviera cerca de mí. Solía meterme en peleas… joder que sí. Me metí en riñas bastante duras. Me echaron de un par de colegios. Pero era una forma de desahogarme un poco. La única forma de tolerar algo de contacto físico. —Se detiene de nuevo—. Bueno, te puedes hacer una idea. Y cuando ella me besó, solo me cogió la cara. No me tocó. — Casi no le oigo la voz.
Ella debía saberlo. Tal vez Grace se lo dijo. Oh, mi pobre Cincuenta. Tengo que meter las manos bajo la almohada y apoyar la cabeza en ella para resistir la necesidad de abrazarle.
—Bueno, al día siguiente volví a la casa sin saber qué esperar. Y te voy a ahorrar los detalles escabrosos, pero fue más de lo mismo. Así empezó la relación.
Oh, joder, qué doloroso es escuchar esto… Él vuelve a ponerse de costado para quedar frente a mí.
—¿Y sabes qué, Ana? Mi mundo recuperó la perspectiva. Aguda y clara. Todo. Eso era exactamente lo que necesitaba. Ella fue como un soplo de aire fresco. Tomaba todas las decisiones, apartando de mí toda esa mierda y dejándome respirar. 

Madre mía.
—E incluso cuando se acabó, mi mundo siguió centrado gracias a ella. Y siguió así hasta que te conocí.
¿Y qué demonios se supone que puedo decir ahora? Él me coloca un mechón suelto detrás de la oreja.
—Tú pusiste mi mundo patas arriba. —Cierra los ojos y cuando vuelve a abrirlos están llenos de dolor—. Mi mundo era ordenado, calmado y controlado, y de repente tú llegaste a mi vida con tus comentarios inteligentes, tu inocencia, tu belleza y tu tranquila temeridad y todo lo que había antes de ti empezó a parecer aburrido, vacío, mediocre… Ya no era nada.
Oh, Dios mío.
—Y me enamoré —susurra.
Dejo de respirar. Él me acaricia la mejilla.
—Y yo —murmuro con el poco aliento que me queda.
Sus ojos se suavizan.
—Lo sé —dice.
—¿Ah, sí?
—Sí.
¡Aleluya! Le sonrío tímidamente.
—¡Por fin! —susurro.
Él asiente.
—Y eso ha vuelto a situarlo todo en la perspectiva correcta. Cuando era más joven, Elena era el centro de
mi mundo. No había nada que no hiciera por ella. Y ella hizo muchas cosas por mí. Hizo que dejara la bebida. Me obligó a esforzarme en el colegio… Ya sabes, me dio un mecanismo para sobrellevar las cosas que antes no tenía, me dejó experimentar cosas que nunca había pensado que podría.
—El contacto —susurro.
Asiente.
—En cierta forma.
Frunzo el ceño, preguntándome qué querrá decir. Él duda ante mi reacción.
¡Dímelo!, le animo mentalmente.
—Si creces con una imagen de ti mismo totalmente negativa, pensando que no eres más que un marginado, un salvaje que nadie puede querer, crees que mereces que te peguen.
Christian… pero tú no eres ninguna de esas cosas.
Hace una pausa y se pasa la mano por el pelo.
—Ana, es más fácil sacar el dolor que llevarlo dentro…
Otra confesión.
Oh.
—Ella canalizó mi furia. —Sus labios forman una línea lúgubre—. Sobre todo hacia dentro… ahora lo veo. El doctor Flynn lleva insistiendo con esto bastante tiempo. Pero solo hace muy poco que conseguí ver esa relación como lo que realmente fue. Ya sabes… en mi cumpleaños.
Me estremezco ante el inoportuno recuerdo que me viene a la mente de Elena y Christian descuartizándose verbalmente en la fiesta de cumpleaños de Christian.
—Para ella esa parte de nuestra relación iba de sexo y control y de una mujer solitaria que encontraba consuelo en el chico que utilizaba como juguete.
—Pero a ti te gusta el control —susurro.
—Sí, me gusta. Siempre me va a gustar, Ana. Soy así. Lo dejé en manos de otra persona por un tiempo. Dejé que alguien tomara todas mis decisiones por mí. No podía hacerlo yo porque no estaba bien. Pero a través de mi sumisión a ella me encontré a mí mismo y encontré la fuerza para hacerme cargo de mi vida… Para tomar el control y tomar mis propias decisiones.
—¿Convertirte en un dominante?
—Sí.
—¿Eso fue decisión tuya?
—Sí.
—¿Dejar Harvard?
—Eso también fue cosa mía, y es la mejor decisión que he tomado. Hasta que te conocí.
—¿A mí?
—Sí. —Curva los labios para formar una sonrisa—. La mejor decisión que he tomado en mi vida ha sido casarme contigo.
Oh, Dios mío.
—¿No ha sido fundar tu empresa?
Niega con la cabeza.
—¿Ni aprender a volar?
Vuelve a negar.
—Tú —dice y me acaricia la mejilla con los nudillos—. Y ella lo supo —susurra.
Frunzo el ceño.
—¿Ella supo qué?
—Que estaba perdidamente enamorado de ti. Me animó a ir a Georgia a verte, y me alegro de que lo hiciera. Creyó que se te cruzarían los cables y te irías. Que fue lo que hiciste.
Me pongo pálida. Prefiero no pensar en eso.
—Ella pensó que yo necesitaba todas las cosas que me proporcionaba el estilo de vida del que disfrutaba.
—¿El de dominante? —susurro.
Asiente.
—Eso me permitía mantener a todo el mundo a distancia, tener el control, mantenerme alejado… o eso creía. Seguro que has descubierto ya el porqué —añade en voz baja.
—¿Por tu madre biológica?
—No quería que volvieran a herirme. Y entonces me dejaste. —Sus palabras son apenas audibles—. Y yo me quedé hecho polvo.
Oh, no.
—Había evitado la intimidad tanto tiempo… No sabía cómo hacer esto.
—Por ahora lo estás haciendo bien —murmuro. Sigo el contorno de sus labios con el dedo índice. Él los frunce y me da un beso. Estás hablando conmigo, pienso—. ¿Lo echas de menos? —susurro.
—¿El qué?
—Ese estilo de vida.
—Sí.
¡Oh!
—Pero solo porque echo de menos el control que me proporcionaba. Y la verdad es que gracias a tu estúpida hazaña —se detiene—, que salvó a mi hermana —continúa en un susurro lleno de alivio, asombro e incredulidad—, ahora lo sé.
—¿Qué sabes?
—Sé que de verdad me quieres.
Frunzo el ceño.
—¿Ah, sí?
—Sí, porque he visto que lo arriesgaste todo por mí y por mi familia.
Mi ceño se hace más profundo. Él extiende la mano y sigue con el dedo la línea del medio de mi frente, sobre la nariz.
—Te sale una V aquí cuando frunces el ceño —murmura—. Es un sitio muy suave para darte un beso. Puedo comportarme fatal… pero tú sigues aquí.
—¿Y por qué te sorprende tanto que siga aquí? Ya te he dicho que no te voy a dejar.
—Por la forma en que me comporté cuando me dijiste que estabas embarazada. —Me roza la mejilla con el dedo—. Tenías razón. Soy un adolescente.
Oh, mierda… sí que dije eso. Mi subconsciente me mira fijamente: ¡Su médico lo dijo!
—Christian, he dicho algunas cosas horribles. —Me pone el dedo índice sobre los labios.
—Chis. Merecía oírlas. Además, este es mi cuento para dormir. —Vuelve a ponerse boca arriba. —Cuando me dijiste que estabas embarazada… —Hace una pausa—. Yo pensaba que íbamos a ser solo tú y yo durante un tiempo. Había pensado en tener hijos, pero solo en abstracto. Tenía la vaga idea de que tendríamos un hijo en algún momento del futuro.
¿Solo uno? No… No, un hijo único no. No como yo. Pero tal vez este no sea el mejor momento para sacar ese tema.
—Todavía eres tan joven… Y sé que eres bastante ambiciosa.
¿Ambiciosa? ¿Yo?
—Bueno, fue como si se me hubiera abierto el suelo bajo los pies. Dios, fue totalmente inesperado.
Cuando te pregunté qué te ocurría ni se me pasó por la cabeza que podías estar embarazada. —Suspira—. Estaba tan furioso… Furioso contigo. Conmigo. Con todo el mundo. Y volví a sentir que no tenía control sobre nada. Tenía que salir. Fui a ver a Flynn, pero estaba en una reunión con padres en un colegio.
Christian se detiene y levanta una ceja.
—Irónico —susurro, y Christian sonríe, de acuerdo conmigo.
—Así que me puse a andar y andar, y simplemente… me encontré en la puerta del salón. Elena ya se iba. Se sorprendió de verme. Y, para ser sincero, yo también estaba sorprendido de encontrarme allí. Ella vio que estaba furioso y me preguntó si quería tomar una copa.


Oh, mierda. Hemos llegado al quid de la cuestión. El corazón empieza a latirme el doble de rápido. ¿De verdad quiero saberlo? Mi subconsciente me mira con una ceja depilada arqueada en forma de advertencia.
—Fuimos a un bar tranquilo que conozco y pedimos una botella de vino. Ella se disculpó por cómo se había comportado la última vez que nos vimos. Le duele que mi madre no quiera saber nada más de ella (eso ha reducido mucho su círculo social), pero lo entiende. Hablamos del negocio, que va bien a pesar de la crisis… Y mencioné que tú querías tener hijos.
Frunzo el ceño.
—Pensaba que le habías dicho que estaba embarazada.
Me mira con total sinceridad.
—No, no se lo conté.
—¿Y por qué no me lo dijiste?
Se encoge de hombros.
—No tuve oportunidad.
—Sí que la tuviste.
—No te encontré a la mañana siguiente, Ana. Y cuando apareciste, estabas tan furiosa conmigo…
Oh, sí…
—Cierto.
—De todas formas, en un momento de la noche, cuando ya íbamos por la mitad de la segunda botella, ella se acercó y me tocó. Y yo me quedé helado —susurra, tapándose los ojos con el brazo.
Se me eriza el vello. ¿Y eso?
—Ella vio que me apartaba. Fue un shock para ambos. —Su voz es baja, demasiado baja.
¡Christian, mírame! Tiro de su brazo y él lo baja, girando la cabeza para enfrentar mi mirada. Mierda. Está pálido y tiene los ojos como platos.
—¿Qué? —pregunto sin aliento.
Frunce el ceño y traga saliva.
Oh, ¿qué es lo que no me está contando? ¿Quiero saberlo?
—Me propuso tener sexo. —Está horrorizado, lo veo.
Todo el aire abandona mi cuerpo. Estoy sin aliento y creo que se me ha parado el corazón. ¡Esa endemoniada bruja!
—Fue un momento que se quedó como suspendido en el tiempo. Ella vio mi expresión y se dio cuenta de que se había pasado de la raya, mucho. Le dije que no. No había pensado en ella así en todos estos años, y además —traga saliva—, te quiero. Y se lo dije, le dije que quiero a mi mujer.
Le miro fijamente. No sé qué decir.
—Se apartó de inmediato. Volvió a disculparse e intentó que pareciera una broma. Dijo que estaba feliz con Isaac y con el negocio y que no estaba resentida con nosotros. Continuó diciendo que echaba de menos mi amistad, pero que era consciente de que mi vida estaba contigo ahora, y que eso le parecía raro, dado lo que pasó la última vez que estuvimos todos juntos en la misma habitación. Yo no podía estar más de acuerdo con ella. Nos despedimos… por última vez. Le dije que no volvería a verla y ella se fue por su lado.
Trago saliva y noto que el miedo me atenaza el corazón.
—¿Os besasteis?
—¡No! —Ríe entre dientes—. ¡No podía soportar estar tan cerca de ella!
Oh, bien.
—Estaba triste. Quería venir a casa contigo. Pero sabía que no me había portado bien. Me quedé y acabé la botella y después continué con el bourbon. Mientras bebía me acordé de algo que me dijiste hace tiempo: «Si se hubiera tratado de tu hijo…». Y empecé a pensar en Junior y en la forma en que empezamos Elena y yo. Y eso me hizo sentir… incómodo. Nunca antes lo había pensado así.
Un recuerdo florece en mi mente: una conversación susurrada de cuando estaba solo medio consciente. Es la voz de Christian: «Pero verla consiguió que volviera a ponerlo todo en contexto y recuperara la perspectiva. Acerca de lo del bebé, ya sabes. Por primera vez sentí que… lo que hicimos… estuvo mal».
Hablaba con Grace.
—¿Y eso es todo?
—Sí.
—Oh.
—¿Oh?
—¿Se acabó?
—Sí. Se acabó desde el mismo momento en que posé los ojos en ti por primera vez. Pero esa noche me di
cuenta por fin y ella también.
—Lo siento —murmuro.
Él frunce el ceño.
—¿Por qué?
—Por estar tan enfadada al día siguiente.
Él ríe entre dientes.
—Nena, entiendo tu enfado. —Hace una pausa y suspira—. Ana, es que te quiero para mí solo. No quiero compartirte. Nunca antes había tenido lo que tenemos ahora. Quiero ser el centro de tu universo, por un tiempo al menos.
Oh, Christian…
—Lo eres. Y eso no va a cambiar.
Él me dedica una sonrisa indulgente, triste y resignada.
—Ana —me susurra—, eso no puede ser verdad.
Los ojos se me llenan de lágrimas.
—¿Cómo puedes pensarlo? —murmuro.
Oh, no.
—Mierda… No llores, Ana. Por favor, no llores. —Me acaricia la cara.
—Lo siento. —Me tiembla el labio inferior. Él me lo acaricia con el pulgar y eso me calma. 

—No, Ana, no. No lo sientas. Vas a tener otra persona a la que amar. Y tienes razón. Así es cómo tiene que ser.
—Bip te querrá también. Serás el centro del mundo de Bip… de Junior —susurro—. Los niños quieren a sus padres incondicionalmente, Christian. Vienen así al mundo. Programados para querer. Todos los bebés… incluso tú. Piensa en ese libro infantil que te gustaba cuando eras pequeño. Todavía necesitabas a tu madre. La querías.
Arruga la frente y aparta la mano para colocarla convertida en un puño contra su barbilla.
—No —susurra.
—Sí, así es. —Las lágrimas empiezan a caerme libremente—. Claro que sí. No era una opción. Por eso estás tan herido.
Me mira fijamente con la expresión hosca.
—Por eso eres capaz de quererme a mí —murmuro—. Perdónala. Ella tenía su propio mundo de dolor con el que lidiar. Era una mala madre, pero tú la querías.
Sigue mirándome sin decir nada, con los ojos llenos de recuerdos que yo solo empiezo a intuir.
Oh, por favor, no dejes de hablar.
Por fin dice:
—Solía cepillarle el pelo. Era guapa.
—Solo con mirarte a ti nadie lo dudaría.
—Pero era una mala madre —Su voz es apenas audible.
Asiento y él cierra los ojos.
—Me asusta que yo vaya a ser un mal padre.
Le acaricio esa cara que tanto quiero. Oh, mi Cincuenta, mi Cincuenta, mi Cincuenta…
—Christian, ¿cómo puedes pensar ni por un momento que yo te dejaría ser un mal padre?
Abre los ojos y se me queda mirando durante lo que me parece una eternidad. Sonríe y el alivio empieza a iluminar su cara.
—No, no creo que me lo permitieras. —Me acaricia la cara con el dorso de los nudillos, mirándome asombrado—. Dios, qué fuerte es usted, señora Grey. Te quiero tanto… —Me da un beso en la frente—. No sabía que podría quererte así.
—Oh, Christian —susurro intentando contener la emoción.
—Bueno, ese es el final del cuento.
—Menudo cuento…
Sonríe nostálgico, pero creo que está aliviado.
—¿Qué tal tu cabeza?
—¿Mi cabeza?
La verdad es que la tengo a punto de explotar por todo lo que acabas de contarme…
—¿Te duele?
—No.
—Bien. Creo que deberías dormir.
¡Dormir! ¿Cómo voy a poder dormir después de todo esto?
—A dormir —dice categórico—. Lo necesitas.
Hago un mohín.
—Tengo una pregunta.
—Oh, ¿qué? —Me mira con ojos cautelosos.
—¿Por qué de repente te has vuelto tan… comunicativo, por decirlo de alguna forma?
Frunce el ceño.
—Ahora de repente me cuentas todo esto, cuando hasta ahora sacarte información era algo angustioso y que ponía a prueba la paciencia de cualquiera.
—¿Ah, sí?
—Ya sabes que sí.
—¿Que por qué ahora estoy siendo comunicativo? No lo sé. Tal vez porque te he visto casi muerta sobre un suelo de cemento. O porque voy a ser padre. No lo sé. Has dicho que querías saberlo y no quiero que Elena se interponga entre nosotros. No puede. Ella es el pasado; ya te lo he dicho muchas veces.
—Si no hubiera intentado acostarse contigo… ¿seguiríais siendo amigos?
—Eso ya son dos preguntas…
—Perdona. No tienes por que decírmelo. —Me sonrojo—. Ya me has contado hoy más de lo que podía esperar.
Su mirada se suaviza.
—No, no lo creo. Me parecía que tenía algo pendiente con ella desde mi cumpleaños, pero ahora se ha pasado de la raya y para mí se acabó. Por favor, créeme. No voy a volver a verla. Has dicho que ella es un límite infranqueable para ti y ese es un término que entiendo —me dice con tranquila sinceridad.
Vale. Voy a cerrar este tema ya. Mi subconsciente se deja caer en su sillón: «¡Por fin!».
—Buenas noches, Christian. Gracias por ese cuento tan revelador. —Me acerco para darle un beso y nuestros labios solo se rozan brevemente, porque él se aparta cuando intento hacer el beso más profundo.
—No —susurra—. Estoy loco por hacerte el amor.
—Hazlo entonces.
—No, necesitas descansar y es tarde. A dormir. —Apaga la lámpara de la mesilla y nos envuelve la oscuridad.
—Te quiero incondicionalmente, Christian —murmuro y me acurruco a su lado.
—Lo sé —susurra y noto su sonrisa tímida.