Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas. Un helado de fresa, una muñeca que llora y hace pis, o esa bicicleta que tiene el vecino del cuarto. Cuando nos hacemos mayores nuestros sueños cambian con nosotros. Y se vuelven complejos, igual que nosotros. Y de repente, la muñeca de trapo se convierte en un vestido nuevo; con el que cruzar un océano a diez mil metros de altura para deslumbrar a tu marido no le haga sorpresa. Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan de frente con la realidad, porque la realidad a menudo es radicalmente distinta a lo que uno cree que es. Las personas no son siempre lo que aparentan ser, ni las relaciones, ni mucho menos nosotros. Y esas realidades son las que se encargan de poner a cada uno en su sitio. Lo que uno cree que es negro, es blanco. Lo que uno cree que es blanco, probablemente sea de todos los colores del arco iris.
``Ninguna mujer debe olvidar nunca
que ella no necesita a nadie que no la necesite a ella.´´
-¿Cuánto dirías que vales del 1 al 10?
-Un 8.
-¿Y si alguien te dijera que vales un 7?
-Me daría igual, he dicho que valgo un 8, y es que valgo un 8.
Porque, ¿si yo no me quiero, quién lo hará? ¿Si yo no me valoro como debo, quién lo hará?
Realmente, nadie me conoce tan bien como yo misma, nadie sabe absolutamente todo sobre mí, y en parte eso me reconforta.
Soy libre, sí, soy un pájaro.
-¿Sabes? Yo creo que eres un 10.
-Gracias pero soy un ocho.
-Holly, estoy enamorado de ti.
-¿Y qué?
-¿Cómo que y qué? ¿Qué preguntas haces? Te quiero, y me perteneces.
-No. Las personas no pertenecen a nadie.
-Claro que sí.
-No dejaré que nadie me ponga en una jaula.
-No quiero ponerte en una jaula, quiero quererte.
-Es lo mismo.
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